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Don o maldición

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Don o maldición

Mensaje por Francia/Yui el Lun Nov 08, 2010 2:41 am

xDDD subí un fic!
hahaha -baila- (?)
________________________________________________________________________“Don o maldición”
Shonen Ai
______________________________________________________________________
Disclaimer: Los personajes de este fanfic no me pertenecen, son propiedad de Hidekaz Himaruya-sensei.
Lo realizo sin ánimos de plagio u ofensa~
Enjoy~!

_______________________________________________________________________
- ¿Sabes, Inglaterra? Me das envidia.-Francia se acomodó en el sofá del inglés mientras sostenía una copa de vino.
Inglaterra le miró frunciendo el ceño.
- ¿A qué te refieres?-preguntó.
-Pues a tu vida amorosa-respondió Francis, dando un sorbo-. Tú no tienes que sufrir horas y horas de trabajo para cuidar la imagen-sonrió mientras se acomodaba el pelo-. Como nadie se acerca a ti...Normal, con esas cejas tan enormes y descuidadas...Da pena sólo verlas, en cambio yo tengo encima el peso de ser el país del glamour y l´amour...Sigh, es tan cansado ser tan atractivo.
Inglaterra no supo qué hacer en ese momento: si vomitar o asfixiar al asqueroso franchute con un su propia corbata. Se sirvió una copa de vino y se la bebió de un solo trago.
- Si emplearas el tiempo que pierdes emperifollándote en entrenar para hacerte más fuerte, no serías tan debilucho-comentó Inglaterra con una sonrisa mordaz.
El comentario hizo el efecto deseado y Francia miró hacia otro lado avergonzado.
Sin embargo, se aclaró la garganta, aparentando que sus palabras no le habían dañado el orgullo.
- Bueno, al fin y al cabo, ¿de qué sirve el poder? ¿De qué sirve tener fama, poder, posesiones y todo eso que se esfuma tarde o temprano? Prefiero estar rodeado de mujeres guapas aunque tampoco hago ascos a los hombres guapos, jeje. A poseer un imperio...
- Ah, ¿sí?-preguntó asqueado Inglaterra.
“Maldito mentiroso, ¡con la guerra que dio para conseguir a América (en vano, claro) y luego lo difícil que resultó hacerle soltar a Canadá!”-pensó
- Pues yo diría que los noviazgos y las mujeres duran menos que los imperios...-comentó Inglaterra, sirviéndose más vino.
- No te creas, mon ami-afirmó Francia, negando con la cabeza-. Esa es la gran ventaja que me confiere el ser nación. Nunca se pierde el encanto y siempre hay peces que pescar...
"Y que lo digas...Maldito mujeriego...", pensó Inglaterra, bebiendo.
- Mira-dijo Francia tras beber-. Puedo conseguirte una chica. O un chico. Lo que quieras. ¡A mí me sobran! Es lo que tiene ser yo...La gente no se cansa de mí...¡Oh, espera, pero probablemente ninguno sea tu tipo! Como a ti te van las hadas y los bichos esos...
(Aún estaba a tiempo de inventarse una excusa para contarle a Scotland Yard para cuando vinieran a investigar el asesinato del maldito franchute ese...)
- En fin...Cosas de la vida-suspiró Francia, poniéndose de pie-. Bueno, Anglaterre, me tengo que ir.
- ¿Tan pronto? ¿No te quieres quedar a cenar?-preguntó Inglaterra por mera educación. Aunque, en realidad por nada del mundo quería que el estúpido francés siguiera profanando su sofá.
- Non, merci, he quedado con una amiguita-contestó Francia, revisando su móvil-. Y, ya sabes, tengo que parar en la farmacia para comprar algunos...ejem, preservativos por que tu sabes, bueno no sabes pero con todo esto de las enfermedades sexuales y todo el rollo ¡Hay que cuidarse! jeje.
Inglaterra sonrió, pero dentro de su cabeza pensó en varios adjetivos que jamás pronunciaría por no manchar su distinguida lengua, pero que definían a la perfección a Francis.
- Gracias por todo-agradeció Francia, cogiendo su chaqueta.
- No ha sido nada, idiota -respondió Inglaterra, abriéndole la puerta-. Que te vaya bien con tu “chica”

- Merci-respondió Francia, saliendo de la casa-. Ya te contaré mañana si es de las estrechas o no...Jejeje. Au revoir ~
Se fue e Inglaterra se quedó apoyado en el marco de la puerta viendo cómo se montaba en su descapotable y se alejaba por las calles de Londres. Maldito francés...Le ponía muy molesto su vanidad.
Pero si, igual tiene cierto éxito con las mujeres, ¡pero de ahí a presumir!
Le sacaba de quicio...Era asqueroso.
Algún día se metería en problemas.
Inglaterra lo garantizaba.

Día 2~

Francia fue a visitar al día siguiente a Suiza.
No es que le cayera muy bien ¿cómo podía llevarse uno bien con alguien que a la mínima muestra de afecto le apuntaba con un fusil?, pero tenían que hablar de finanzas, bancos, acciones y todas esas cosas. Le aburrían, pero tenia que hablar con el de finanzas, bancos, acciones y todas esas cosas aburridas.
Le hartaban, pero no tenia más remedio que ir.
Suiza se mostró cordial y le ofreció un poco de su famoso chocolate antes de empezar la reunión, seguía siendo el mismo tipo aburrido e inexpresivo que conocía Francia.
Ante una sonrisa de Francia, Suiza le arrebato el chocolate de las manos y lo empujo dentro del salón, sin modificar ni un ápice de su congelada expresión.
Lo siguiente fue el rollo más grande que Francia tuvo que escuchar a lo largo de su vida milenaria. Se dedicó a asentir con la cabeza mientras criticaba mentalmente a Suiza por su mal gusto en el vestir y en la decoración de la casa.
Suiza se levantó.
- Mis disculpas-dijo-. Tengo que ir al baño.
- Ve tranquilo, mon ami-dijo Francia-. Sin prisas.
Dicho esto, Suiza se fue.
Francia, al quedarse solo, aprovechó para hacer una mueca de asco al ver el reloj de cucu que adornaba una de las paredes del salón. Además de que le parecía una idiotez total, no podía entender cómo a alguien como Suiza le pudieran gustar esas cosas. Alemania es entendible, al fin y al cabo tenía gustos extraños para un tipo de su talla...¡Pero Suiza!
En ese momento vio que una figura se asomaba desde el pasillo.
¿SUIZA CON VESTIDO? ¡¿Qué demonios...?!
La alarma de Francia se desvaneció cuando se acercó a él. No era Suiza con vestido. Era Liechtenstein.
"Uf” pensó Francia, que se había puesto colorado de la excitación.
Liechtenstein se acercó con timidez a Francia, jugando con sus dedos.
- Ho-Hola, señor Francia-saludó-. Me alegro que este aquí.
- Bonjour, mademoiselle-saludó a su vez Francia, tomando su mano y besándola.
Liechtenstein se sonrojó y apartó la mano mordiéndose el labio mientras esbozaba una sonrisa tímida. Francia sonrió.
"Es tan bonita...En cuanto crezca y se desarrolle un poco, no la librará de mí ni Dios, jajaja...", pensó Francia.
- Espero que se encuentre a gusto en nuestra casa...-dijo Liechtenstein.
- Por supuesto que sí-contestó Francia-. Y más con una pequeña belleza como tú-guiñó el ojo.
Liechtenstein se cubrió la boca para tapar una risita que estuvo a punto de escapársele.
"Un verdadero encanto", pensó Francia, suspirando.

Se topó con los enormes ojos verdes de la niña mirándole fijamente mientras se acercaba a él. De repente, Liechtenstein alarga la mano y acaricia el pelo de Francia.
- Su pelo es tan suave y brillante...-dijo Liechtenstein, acercándose a olerlo.
Francia comenzó a sonrojarse por momentos. Su cabeza decía "no", pero su orgullo francés le decía "¡adelante, ya es tuya!".
Liechtenstein comenzó a acariciar la barba del francés.
- Es tan atractivo, Onii-san...-murmuró, acercando su cara a la barba y restregándose contra ella.
- O-Oye, ¿qué-qué estás...?-preguntó Francia.
- ¡Es tan atractivo que podría llorar!-exclamó Liechtenstein, abrazándose a él.
Francia no supo qué hacer en ese momento. Su nariz sangraba a mares, ¡pero era la hermana de Suiza! ¡Si se enteraba, le mataría, le resucitaría, le volvería a matar y daría de comer a los cerdos con sus pobres trocitos!
- E-Espera...-dijo, intentando apartarla de él-. Ya sé que soy muy atractivo, no te lo niego , pero es que...
- Por favor, señor Francia-pidió Liechtenstein-. Déjeme oler su maravilloso perfume.
Se abalanzó sobre él hasta que ambos terminaron tumbados en el sofá.
- Ma-Mademoiselle!-exclamó Francia.
Francia estaba acostumbrado a abalanzarse sobre una persona a la vez que se desnudaba en tiempo récord, ¡pero nunca una niña le había tumbado con tanta facilidad!
- C-creo que... Le amo...-dijo Liechtenstein.
Y le besó. Francia sintió latir su corazón como loco y no pudo evitar disfrutar con el beso.
- Oye...-dijo, tratando de levantarse, pero se sentía sin fuerzas y lleno de pensamientos obsenos.
La lucha interna entre lo correcto y sus instintos se empezaba a desatar por dar rienda suelta a sus impulsos. Francia cerró los ojos y sintió el beso de Liechtenstein, intentando separarla de él con cada vez menos insistencia.
Cuando abrió los ojos sintió un escalofrío en la nuca. Miró hacia un lado y vio a Suiza mirándole con un gesto asesino. Liechtenstein se separó de Francia rápidamente.
- ¡He-hermano!-exclamó avergonzada-. ¡Yo...!
- Tranquila, no es necesario que expliques nada-dijo Suiza, desplazándola-. Está muy claro lo que ha pasado aquí...Vete a tu cuarto, por favor.
- S-Sí-dijo Liechtenstein corriendo fuera de la sala.
Francia se encontró solo frente a la mirada rabiosa de Suiza. Se levantó rápidamente del sillón y se ajustó la corbata.
- ¡S-Suiza!-exclamó-. N-No saques conclusiones precipitadas, no es lo que...
- ¡¡ Lo que creo!! ¿Has llegado al extremo de acechar a niñas? ¿Eh? ¿Asqueroso pedófilo?-gruñó Suiza, acercándose amenazante a Francia.
- ¿Yo? ¡No! ¡Nunca!-contestó Francia-. ¡Déjame que te lo explique! Todo es bastante gracioso... ¡¡Ella!! Liechtenstein se me acerco y comenzó a coquetearme yo no quería per...
- ¡NO ME VENGAS CON ESAS EXCUSAS BARATAS, PERVERTIDO DE MIERDA!-gritó Suiza, agarrando del pescuezo a Francia.
- No...Espera...¡Te-Te digo la verdad!-balbuceó Francia intentando zafarse.

Suprimiré los siguientes minutos de extrema violencia en los que Suiza le pide explicaciones a Francia.

Al día siguiente~
- Oh, Papá, ¿cómo estás?-preguntó Canadá, poniendo sobre la mesita del hospital un ramo de rosas y una botella de vino, escondida bajo la etiqueta de miel de maple-. ¿Qué te ha pasado?
Francia dudó sobre qué responder. Estaba postrado en una cama con las piernas, los brazos y algunas costillas rotos, un ojo morado y varios puntos de sutura en la "torre Eiffel".
- Yo...-intenta responder-. Un accidente...De auto...
Canadá observa unas marcas que le ha dejado Suiza grabadas con algo afilado en el pecho.
- "Soy un puto pervertido”-lee-. ¿Y-Y esto?
- ¡Un accidente de auto he dicho!-responde Francia.

Primera lección para Francia: "No eres Jesús, por lo tanto no te acerques a los niños ¡Es peligroso!”

Unos meses después del "accidente de auto" de Francia...
Francia se acercó a la casa de Rusia, sacudiendo la nieve que se le estaba acumulando en el abrigo. No encontró estacionamiento cerca de allí, por lo que tuvo que andar una buena distancia desde el único lugar donde pudo dejar su auto en territorio Ruso.
-“Asquerosos tiempo...”-Aún recordaba la humillante derrota que sufrió a manos de Rusia hacía casi dos siglos, precisamente a causa del condenado frío. ¡Sólo eso había frenado su gloriosa entrada en Moscú! Maldito ruso, malditas heladas...Y encima su jersey y su abrigo (ambos de alta costura, por supuesto) no le abrigaban lo suficiente.
El día anterior había recibido una llamada de Rusia, citándole en su casa para un asunto importante.
- Es necesario que vengas-le había dicho-. Mañana por la mañana en mi casa, ¿Puedes?
Pero ni una palabra sobre qué iban a hablar.
Conociendo a Rusia, Francia no se fiaba de él ni un poco, pero aún así fue a su casa.
Tropezando con un adoquín cubierto de nieve, Francia por fin llegó a la puerta y llamó.
Momentos después, Rusia abrió la puerta.
- Buenos días, Francia-saludó con su tenebrosa sonrisa-. Hermosa mañana, ¿no crees?
"¡¿A esto lo llamas tú hermosa?!", gruñó Francia para sus adentros.
- Hace un poco de frío, pero...sí-respondió Francia, quitándose el abrigo y sacudiéndose la nieve del pantalón.
- Oh, bueno, tu casa tiene una temperatura diferente..., así que supongo que no estarás muy acostumbrado a mis temperaturas-da -dijo Rusia, cogiendo su abrigo y colgándolo en la cabeza de Lituania-. Pero para mí un día como éste me parece deliciosamente bueno.
-"Sí, lo que tú digas, fenómeno congelado"-pensó Francia.
- ¿Qué te sirvo?-preguntó Rusia-. ¿Un poco de vodka para entrar en calor?
- No, gracias-respondió Francia-. Me tomé un jugo de naranja antes de partir y me ha caído mal-suspiro- además prefiero quedarme sobrio
No era verdad.
- Oh, bueno-se limitó a responder Rusia, cerrando la puerta, mientras le lanzaba una mirada asesina a Lituania-. Desde luego, para un debilucho como tu...Siéntate, siéntate, enseguida estoy contigo.
Francia se sentó en el sofá de Rusia.
Observó que Rusia junto a un tembloroso Lituania echaban muchos candados y cerrojos a las puertas y ventanas aledañas. Luego se aseguró de que estaba bien cerrada con llave. ¿Tan inseguro era vivir en su casa?
Momentos después, Rusia fue con él al salón y se sentó en el brazo del sofá en el que estaba sentado Francia.
- Bueno, ¿qué era eso tan importante, Russie?-preguntó Francia, apartándose un poco de Rusia.
Rusia no contestó. Se dedicó a mirar a Francia con una sonrisa.
- Deberías saberlo-da...-contestó, acercándose más a Francia.
- ¿Eh?-murmuró Francia, levantándose.
- Anda, no te hagas el tonto-dijo Rusia, agarrando a Francia del brazo.
¿Qué demonios estaba haciendo?
- R-Rusia...-musitó Francia.
¿Pensaba matarlo? Si es así, ¡era muy propio de Rusia tender trampas de ese estilo!
- R-Rusia-repitió Francia, asustadísimo-. P-Por favor...
- Niet, Francia-replicó Rusia, chistando-. No te servirá de nada pedir clemencia.
Se quitó la bufanda y la enroscó alrededor de Francia.
- Ahora ya eres mío...-susurró Rusia al oído de Francia.
De pronto, le lamió la oreja, haciendo que Francia sintiera un escalofrío por todo su cuerpo.
- ¡¿Qu-Qué?-exclamó Francia, muerto de asco y de miedo.
- Pero, ¿NO has presumido siempre de ser el país del amor?-insistió Rusia, acariciando la barba del otro con un dedo-. Pues demuéstralo.
Con un movimiento rápido, Francia se libró y corrió hacia la puerta. No se acordó de que estaba cerrada y se puso a intentar abrirla con desesperación.
- ¿Buscas esto?-preguntó Rusia, enseñando una pequeña llave.
Acto seguido, se la metió dentro de los pantalones.
- Ven a buscarla ~
Francia no tenía ninguna intención de hacerlo, aunque había jugado a ese mismo jueguito muchas veces antes. Salió corriendo. Buscó una puerta trasera, una ventana, una rendija, ¡lo que fuera! El caso es que tenía que salir de allí.
- Ven aquííí-le llamó Rusia, persiguiéndole lentamente, silbando.
La puerta trasera, que estaba en la cocina, estaba también cerrada.
- Merde!-exclamó Francia, girando insistentemente el picaporte.
- Franciaaa ~
Rusia estaba apoyado en el marco de la puerta, con su sonrisa de loco, jugueteando con su bufanda.
- Venga aqui señor Francis Bonnefoy -dijo-. Usted y yo tenemos una cuenta pendiente...
Francia desesperado, se acercó a la encimera y cogió un cuchillo de cocina, amenazando a Rusia con él.
- Oh, eso me gusta, conejito -dijo Rusia, acercándose a Francia.
- N-No te me acerques, loco de mierda...-amenazó Francia, blandiendo el cuchillo frente a él.
Sin embargo, Rusia le agarró de la muñeca y se inclinó, besándole el cuello. Francia soltó el cuchillo sin querer, ya que ese era su punto débil. Maldito ruso...Cómo le conocía.
- Podemos hacerlo por las buenas-dijo Rusia, empujándole hacia la mesa- o por las malas. Tú eliges, Francia...
Francia se vio arrinconado. Sólo quería librarse del ruso de una vez e irse a su casa.
"No me puedo creer lo que voy a hacer...", se dijo. Pero no tenía otro remedio.
Mantuvo la conciencia solo hasta el momento en que quedo sin ropa. Después de eso huyo mentalmente a su lugar feliz.

...... [No expondré los momentos de sexo, ukedad y liquido caliente de los próximos minutos, como User de Francia... es vergonzoso]
- Do svidaniya, Franciaa ~ -despidió Rusia a Francia en la puerta de su casa, sonriendo de oreja a oreja.
-A-adiós S-señor Francia... Lo sentim...-un portazo precipitado interrumpió las disculpas de Lituania.
-Te odio...-murmuró Francia, andando raro y tropezando con la nieve en el camino de vuelta hacia el coche.
Maldita sea...Habría preferido cambiar sus cejas por las de Inglaterra antes que hacer lo que acababa de hacer...
Sólo esperaba que Canadá no le preguntara en casa por qué andaba como los vaqueros. No podía pensar con claridad una excusa creíble.

Segunda lección para Francia: "huye de Rusia. De una forma o de otra te va a joder, le gusta".

Francia tomó un trago a su whisky y siguió haciendo zapping en la televisión.
El alcohol era lo único que parecía calmar los nervios después de la horrible experiencia con Rusia. Había probado de todo, pero nada era tan efectivo.
[- ¿Ha pasado algo, Padre?-preguntaba Canadá los primeros días, visiblemente preocupado por su aspecto demacrado.
- No, nada...-había respondido Francia, haciendo esfuerzos para no recordar
- ...¿Por qué andas así?-había observado Canadá, mirándole con cara inquisitiva.
- Euh...-Francia tuvo que inventarse una buena excusa en tiempo récord. No querría que supiera la incómoda situación-. Yo...-se acercó a su oído-.Tengo hemorroides...
- Oh...-murmuró Canadá.
Y, por fortuna, no preguntó más. El único problema fue que le bombardeó a consejos y cremas para las hemorroides durante semanas. Pero, en fin, al menos se preocupaba por él como un buen hijo.]
-Nunca más volveré a hacerle caso a ese idiota, siempre salgo mal parado- se decía a si mismo el francés.- ¡¡Eso es!! Quizás sea hora de dejar a los aliados y retirarme... pero soy muy joven, vigoroso y estupendo como para retirarme tal anciano...-suspiró-Sigh, no lo haré, simplemente tengo que cuidar mi trasero y volver a ser una gran nación, como solía serlo en tiempos pasados~
Se sirvió otra copa de vino, cogió su chaqueta y salio al Boulevard a bailar con unas chicas. Si, el orgullo francés hace olvidar rápido los problemas~

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